Un rockstar puede morir de varias maneras, pero si la muerte puede generarle algun beneficio, mejor. Puede acabar con su vida de manera tradicional o heroicamente al mas puro estilo E! True Holliwood Store, como Jim, Jimi, Janis, Elvis, Kurt…Claro, esto requiere de mucho hígado y sobre todo, de alcohol y drogas en exceso. Pero la muerte que ningún rockero desea es la del olvido. Se trata cuando su música queda enterrada en alguna discoteca con espera de un curioso con pésimo o refinado gusto. La música sencillamente ahí esta, aunque nadie la escuche, y es, en efecto, como si estuviera muerta en un mecanismo de mero entretenimiento que deduce las ofertas de los medios de comunicación a poco mas que lo exhibido en las pantallas mtviescas.
Ahí tienen por ejemplo, al buen Captain Beefheart, creador de una música tan personal que no cualquier oído resiste sus embates donde el blues del Delta, el freejazz y el Folk Rock, como exóticos ingredientes de una pócima de hechicería, conforman una mixtura con la fuerza de un ingenio salvaje proveniente de quien sabe donde. Para la industria del disco, Beefheart era una criatura extravagante que igual pudo nacer muerta, no tenia futuro –aunque Johnny Rotten de los Sex Pistols y Joe Strummer de los Clash tenían su disco Trout Mask Replica como obra mayor; aunque Zappa probablemente nunca habría sido Zappa si sus caminos no se hubieran cruzado. Hace años que el Captain Beefheart no graba y vive dedicado a su otro amor – quizás el principal-, la pintura en una hermética reclusión en el desierto de Mojave, que abandona esporádicamente con motivo de alguna exposición.
Otro caso es el de Ferry Reid. En 1968 Jimmy Page buscaba cantante para su nuevo grupo, tentativamente llamado The New Yardbirds. Le ofreció el trabajo a este sujeto afamado por su extraordinaria potencia vocal, tanto que le apodaban Superlungs (“Superpulmones”). Rechazo la propuesta, pero le recomendó a un mozalbete llamado Robert Plant. La historia de Reid es para no creerse: la fama no se le escapo solo una vez en forma de Led Zepellin, poco después Deep Purple lo invito a integrarse a sus filas, nuevamente se negó y el lugar lo ocupo Ian Gillan. Terry Reid tenia un corazón bluesero y la música de estos grupos le parecía demasiado pop. Lo que para muchos resultaría una serie de decisiones equivocadas el se lo tomo con calma.
A fin de cuentas ¿quien dictamina la muerte artística de alguien? ¿Las disqueras cada vez más amedrentadas por el gigante cibernético? ¿El sonido que cada vez mas adolescentes aburridos encuentran radical? ¿Los críticos abotagados en sus torres de discos raros que nadie ha escuchad –y muchas veces con razón- llenos de referencias ociosas? ¿La actitud más transgresora? ¿La cantidad de descargas de un mp3? ¿El top ten? A Lou Reed lo dieron por muerto cuando editó Metal Machina Music, catalogado como “el peor disco de la historia“(algo tal vez impreciso: el mas horrible, seguro); no obstante supo seguir produciendo obras de discreta magnificencia. Cualquiera pudo creer que Kid A disminuiría el seguimiento masivo de Radiohead, pero la acogida que le dieron las elitistas tribus alternativas demostró que ser alternativo In Extremis –valga la redundancia hipérbole- también reditúa. Warner se resistía sacar el álbum Yankee Hotel Fox Trot de Wilco, que finalmente lanzo la filial Nonesuch, con una aprobación generalizada que los consolido como grupo de culto.
Y da lo mismo que los escoceses de Mclusky sean una de las bandas mas briosas y refrescantes de los últimos años, por que solo en su casa los conocen. La vigencia en la música se define con lo que cada uno elige escuchar aunque la variedad de nuestras opciones ande tan raquítica como la huesuda y a veces nos conformemos con visiones poco consistentes
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- Maestro de la ironia, la mordacidad, la paradoja, experto en el arte de halagar pero tambien para despreciar, de vasta cultura, exquisita elegancia, prodigiosa inteligencia y zagas ingenio
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